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Fumar aumenta el riesgo de desarrollar artritis reumatoide y favorece un peor pronóstico |
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| Fumar no solamente aumenta el riesgo de desarrollar artritis reumatoide sino que también puede influir en su pronóstico. De hecho, el tabaquismo también es responsable de que los afectados respondan peor a los tratamientos específicos que se utilizan en su tratamiento y de una mayor destrucción articular, según concluye un estudio español presentado en el congreso anual del American College of Rheumatology (ACR), que se está celebrando en Chicago (Estados Unidos). En opinión de una de las co-autoras de la investigación, la doctora Virginia Ruiz-Esquide, de la Unidad de Artritis del Servicio de Reumatología del Hospital Clínic de Barcelona, “si un paciente con artritis reumatoide continúa fumando, su enfermedad puede evolucionar de forma más desfavorable. Por eso, se debe insistir en que abandone este hábito”. En este sentido, investigaciones recientes han puesto de manifiesto que el consumo de tabaco disminuye la eficacia de algunas terapias antirreumáticas como el metotrexato (uno de los pilares fundamentales del tratamiento de esta enfermedad) e incluso de los tratamientos biológicos, en concreto de los anti-TNF alfa. Mayor daño articular en fumadores El objetivo de este trabajo era investigar el efecto del consumo de tabaco en la actividad de la enfermedad medida a través de múltiples parámetros clínicos y analíticos, la incapacidad evaluada a través del cuestionarios validados para este fin y el daño articular medido a través de radiografías de manos y pies, en pacientes con artritis reumatoide de reciente comienzo y tras dos años de tratamiento antirreumático. Según los resultados del estudio, en el que participaron 158 pacientes con artritis reumatoide de reciente comienzo y que fueron seguidos por un periodo de dos años, no hubo diferencias en cuanto a la actividad de la enfermedad ni la presencia de incapacidad entre aquellos pacientes con artritis reumatoide que fumaban y los que no lo hacían. Sin embargo, se observó que aquellos pacientes que eran fumadores activos presentaron un mayor aumento de destrucción articular al cabo de uno y dos años de seguimiento. Esto fue medido a través del índice de Larsen y de la aparición de nuevas erosiones articulares en radiografías de manos y pies. Posteriormente se realizó un análisis de regresión multivariante en el que el consumo de tabaco mostró estar asociado de forma independiente a la progresión radiológica. “Por lo tanto, ha afirmado la especialista, en el grupo de pacientes con artritis reumatoide de reciente inicio, ser fumador activo fue un factor de riesgo independiente para presentar una mayor destrucción articular al cabo de dos años de seguimiento”. “Dado que el hábito tabáquico es un factor de riesgo prevenible, consideramos fundamentales las campañas y planes de información sanitaria dirigidas al público en general y a los familiares de pacientes con artritis reumatoide en particular. Además, una vez diagnosticada la enfermedad es de vital importancia insistir en el abandono del tabaco”, según la doctora Ruiz-Esquide. Una asociación descrita desde hace 20 años Según un estudio recientemente publicado y realizado en el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), el tabaquismo sería responsable de aproximadamente el 20% de las artritis reumatoides en general y hasta el 35% considerando solamente las artritis reumatoides seropositivas (aquellas que presentan en suero el factor reumatoide y/o los anticuerpos anti-citrulina positivos), con las cuales el consumo de tabaco está especialmente relacionado. Influencia de factores genéticos y ambientales Esta afección provoca dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular, afectando especialmente a las articulaciones más móviles como las de las manos y los pies, así como a muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas. La inflamación mantenida y no controlada puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor de la articulación, lo que conduce a una deformidad progresiva y a una disminución de la expectativa de vida. “Su causa es compleja y sólo parcialmente conocida al día de hoy. En los últimos años han sido estudiados e identificados múltiples factores de riesgo, y actualmente sabemos que intervienen en su desarrollo factores genéticos y ambientales. Entre estos últimos el tabaco tendría un papel muy relevante”, ha recalcado la doctora Ruiz-Esquide.
Fuente: McCann Healthcare |
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