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El uso de opioides en España es todavía insuficiente, indican expertos reumatólogos |
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| Casi el 6% de los pacientes reumatológicos toma fármacos opioides para controlar el dolor, lo que supone en torno a 650.000 personas en España, según el Estudio Epidemiológico del Dolor en Reumatología (EPIDOR) de la Sociedad Española de Reumatología. “Sin embargo, el uso de estos medicamentos en España todavía es muy bajo, en comparación con otros países europeos, principalmente debido al desconocimiento que hay por parte de los profesionales sanitarios y de los pacientes”, según ha advertido la Dra. Concepción Pérez, de la Unidad del Dolor del Hospital de La Princesa (Madrid), en el marco del XXXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología (SER), celebrado en Málaga. Normalmente, la mayoría de los pacientes reumatológicos están limitados al primer escalón analgésico establecido por la Organización Mundial de la Salud (AINE, paracetamol, metamizol), “aunque en algunos se debería revisar esta terapia puesto que muchos afectados están insatisfechos con el control de su dolor”, ha indicado la especialista. Dentro de este grupo de pacientes, los que más frecuentemente están tratados con opioides son los que tienen artrosis de grandes articulaciones (rodilla o cadera), lumbalgia crónica y otras afecciones degenerativas. A juicio de la experta, el dolor crónico -que afecta en torno a un 15% de pacientes en España- se trata habitualmente de forma inadecuada, a pesar de la existencia de tratamientos efectivos y seguros. Por eso, ha añadido, “los analgésicos opioides deben ser considerados en los esquemas de tratamiento del dolor crónico, ya que muchas de las limitaciones en las que se basa su escasa utilización carecen de evidencia científica y deben reanalizarse”. Un mayor control terapéutico del dolor, quizás a través de analgésicos más potentes como los opioides, podría mejorar significativamente la calidad de vida de estos pacientes, tal y como se ha demostrado recientemente en varios estudios. “El beneficio de controlar bien el dolor implica un aumento en la funcionalidad del paciente y en la mejora de la calidad de vida”, ha señalado la Dra. Pérez. Si bien España, junto con Italia y Portugal, está a la cola de los países europeos en cuanto al consumo de estos fármacos, “la utilización es insuficiente en comparación con otros países en los que el uso de este tipo de fármacos para tratar el dolor crónico se sitúa en torno al 40% de los pacientes. No significa que todos los enfermos con este tipo de dolor tengan que estar tratados con opioides, pero probablemente habría que incrementar su utilización”, ha constatado la Dra. Pérez. En su opinión, “uno de los principales problemas que tienen es la mala prensa que les acompaña, ya que muchos pacientes temen una posible adicción o que posteriormente otras medicaciones no tengan efecto. Asimismo, por parte de los médicos existe un importante desconocimiento porque en la carrera se enseña el mecanismo y el efecto de muchos fármacos, pero no hay una enseñanza reglada del tratamiento del dolor con todos los opioides disponibles en el mercado”. En España, además del desconocimiento que rodea a este tipo de medicamentos, su insuficiente administración también tiene que ver con la dificultad de recetarlos porque llevan consigo un complejo sistema burocrático que ralentiza su correcto uso (receta especial). El riesgo de adicción se puede predecir En concreto, los medicamentos opioides actúan sobre todo a nivel del sistema nervioso central (SNC) produciendo analgesia y evitando el dolor. Se pueden administrar por distintas vías (oral, sublingual, intravenosa, transdérmica, etc.) y se caracterizan por ser los fármacos más potentes en cuanto a analgesia. No obstante, como cualquier fármaco, tienen algunos efectos secundarios, siendo más frecuentes los gastrointestinales, sobre todo el estreñimiento, náuseas y vómitos; mientras que al actuar en el sistema nervioso central pueden producir mareos, somnolencia, etc., pero estos síntomas se solucionan con una administración progresiva; además, a largo plazo pueden provocar algún efecto neuroendocrino. Para su correcta administración, primero se hace un ensayo terapéutico con el objetivo de ver si estos fármacos son eficaces en el paciente desde el punto de vista funcional y de analgesia. “Si el afectado lo tolera y mejora el control de su dolor, se debe hacer un seguimiento adecuado. En cualquier caso, estos fármacos opioides se pueden tomar desde un mes hasta 20 años, no hay fecha límite. Hay que reevaluar al paciente periódicamente porque el dolor cambia, por tanto se debe individualizar el tratamiento”, ha explicado la especialista. Según la Dra. Pérez, “al tomar un opioide siempre hay un riesgo de adicción, pero es muy pequeño y se puede predecir, por eso el médico debe ser cuidadoso antes de indicarlos”. En España hay menos sistemas de predicción, pero en Estados Unidos valoran una serie de características en los pacientes como la existencia de un dolor múltiple sin base orgánica demostrada, adicciones previas (alcohol, tabaco y otras drogas), conflictos laborales y familiares, y ser varones jóvenes.
Fuente: McCann Healthcare |
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